La felicidad se encuentra poniendo a Dios en el centro de nuestra vida, lo que significa dejar a un lado nuestro ego. Cuando ponemos al "yo" antes que a Dios, comienzan los problemas que nos quitan la paz. Cuando consideramos al yo en primer lugar, es cuando comenzamos a considerar atractivas las cosas de este mundo, las que nos pueden esclavizar y hacer insensible frente al dolor ajeno. Y eso a veces lleva a tener conductas que sin querer dañan al prójimo.
Dicen que el infierno está lleno de gente con buenas intenciones. Llevando las cosas a un extremo, es
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