Poner a Dios como centro de nuestra vida

Enviado por fundacionmarialuz el 04/07/2010 a las 12:20
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La felicidad se encuentra poniendo a Dios en el centro de nuestra vida, lo que significa dejar a un lado nuestro ego. Cuando ponemos al "yo" antes que a Dios, comienzan los problemas que nos quitan la paz. Cuando consideramos al yo en primer lugar, es cuando comenzamos a considerar atractivas las cosas de este mundo, las que nos pueden esclavizar y hacer insensible frente al dolor ajeno. Y eso a veces lleva a tener conductas que sin querer dañan al prójimo.

Dicen que el infierno está lleno de gente con buenas intenciones. Llevando las cosas a un extremo, es posible que un violador no tenga intención de hacer mal a su víctima, sino que solo darse un placer que no es capaz de renunciar. Lo mismo puede pasar con un pedófilo, un ladrón o un mentiroso. Lo que tienen en común todos ellos es que buscan su felicidad ante cualquier cosa, dañando con su actuar, conciente o inconcientemente, a inocentes criaturas.

San Agustín lo señala al decir que “es necesario amar a Dios y renunciar a uno mismo, porque o si no, se termina amando a uno mismo y renunciando a Dios”. Y renunciar a Dios es lo opuesto de darse a los demás. Es poner mi ego como el centro de mi vida, produciendo los males y desórdenes que vemos en esta tierra.

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